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Obra de la Cruz "La Obra de la Cruz crecerá, será un árbol frondoso en mi Iglesia, producirá muchos frutos de salvación que darán gloria a la Trinidad" |
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El Apostolado de la Cruz es la primera rama de la Obra de la Cruz. Fue fundada el 3 de mayo de 1895, en la República Mexicana, por el Venerable Ramón Ibarra González, entonces Obispo de Chilapa, Guerrero.
Se caracteriza por estar abierta a todos los fieles cristianos que forman el pueblo de Dios: laicos, religiosos y sacerdotes, que buscan vivir su consagración bautismal según la Espiritualidad de la Cruz, para responder así, a la vocación universal a la santidad.
Religiosas
de la Cruz
Alianza
de Amor
Sus miembros buscan dar consuelo al Corazón de Jesús a través de una vida de intimidad
con El, que les permitirá conocer y participar de sus dolores internos.
Fraternidad de Cristo Sacerdote
La
Fraternidad de Cristo Sacerdote une a sus miembros, quienes bajo la acción del Espíritu
Santo viven su experiencia de fe en comunión eclesial con el Espíritu de
Cristo, Sacerdote y Víctima, en busca de su propia santificación y la santificación
del pueblo sacerdotal.
Los Misioneros del Espíritu Santo, sacerdotes, diáconos y hermanos coadjutores, viven y comparten en comunidad la Espiritualidad de la Cruz en su total consagración a través de sus votos religiosos y acción apostólica.
El Misionero del Espíritu Santo vive su espiritualidad sacerdotal ofreciendo al Padre su Hijo, Sacerdote y Víctima y ofreciéndose con El como hostia agradable a Dios.
Su misión es la misma de Jesús, que fue enviado para salvarnos y santificarnos por el don de su Espíritu. Como apóstoles del Espíritu Santo son enviados a promover la santidad en todo el pueblo de Dios de acuerdo a la Espiritualidad de la Cruz. Los sacerdotes toman lugar preferencial en la acción apostólica de los Misioneros del Espíritu Santo.
Dios ha suscitado en la Iglesia instituciones diversas que viven y difunden el espíritu de Cristo Sacerdote y Víctima, y constituyen la "Familia de la Cruz". Forman el núcleo central las Obras de la Cruz, que se extienden a todo el Pueblo de Dios. "Aunque son cinco, no forman en realidad sino una sola, una Obra de amor y sacrificio". Con el reconocimiento propio, pertenecen también a esta Familia otras obras que nacieron del celo apostólico de nuestros Padres en el espíritu, y diversas instituciones que, animadas por la Espiritualidad de la Cruz, realizan distintas misiones. Esta Familia de la Cruz vive y se desarrolla bajo el impulso del Espíritu Santo para continuar, a través del tiempo y del espacio, el clamor de intercesión que fue su origen:
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