Palabras para meditar


Los Sacerdotes y con más razón los Obispos
llamados a ser otro Jesús

“El Sacerdote que cumpla con su misión, será otro Yo” (Vida 6, 345-346; CC 25, 259-265).

“Identificado Conmigo es otro Yo, es decir, es entonces Yo mismo al consagrar, en ese misterio de amor que se efectúa en la Transubstanciación” ( CC 49,181)

Podemos ver en las Confidencias de Jesús a Conchita, que el Señor nos ha ido preparando como Iglesia para este momento de purificación, es un momento de gracia ya que nos lleva a las raíces del Sacerdocio. Este momento de gran crecimiento en humildad en el sacerdote llevará a muchas almas a la santificación. Si sólo el sacerdote volviera a ese día de su consagración, ¿Qué sentiste sacerdote ese momento?, ¿Qué te llevó a olvidar esa vivencia, ese momento de gracia tan incomparable? 

Queremos decirte Sacerdote, que muchos laicos tenemos hambre de Santidad y en tus manos se puso ese don, esa misión. Enséñanos como se vive en comunión con la Trinidad, pero para ello tendrás que vivirlo tu primero.

“Necesito otros Yo en la tierra, formando un solo Yo en mi iglesia por su unidad de miras, de intenciones y de ideales, formando un solo cuerpo místico Conmigo, un solo querer en la voluntad de mi Padre; una sola alma con el Espíritu Santo; una unidad en la Trinidad, por deber, por justicia, por amor”
(CC 50,102). 

“Y el fin de la Iglesia en su parte intrínseca, es formar en la tierra un solo Jesús Salvador de las almas; un solo Sacerdote en el Sacerdote eterno, por su unión, parecido e identificación con EL” (CC 50,126). 

“Así Yo en ellos y ellos en Mí, glorificaremos al Padre en una sola alabanza; y con las almas, formaríamos esta unidad perfecta en la Iglesia y que debe honrar a la Trinidad” ( CC 50, 253)

“Estas confidencias han tenido por objeto, unir a todos los sacerdotes en la unidad de la Trinidad, pero transformados en Mí, llevan el fin de hacer de todos ellos un solo Jesús; Yo en ellos; no muchos Jesús, sino uno solo” (CC 50, 292).

 “Quiero a todo mis Obispos y Sacerdotes absorbidos en la Trinidad, para que sean fecundos en las almas, para que engendren en la Iglesia virgen, almas para el cielo.” (CC 50,4).

 “El Padre constantemente está engendrando al Verbo en Sí mismo y obrando el misterio de la Trinidad... y eternamente está complaciéndose en Sí mismo en su unidad de la Trinidad. Todo lo quiere atraer a esa unidad; para esto formó a su Iglesia única, en donde todas las almas deben formar unidad en el Verbo, por el Espíritu Santo, y la misión del Sacerdote consiste en atraer a las almas a esa unidad” (CC 50,88)

A los miembros del Apostolado les ruego, que si queremos Sacerdotes santos necesitamos comenzar teniendo familias santas y para tener familias santas tenemos que comenzar por nosotros. ¿De dónde sale ese hombre que será consagrado por la eternidad como sacerdote sino de la familia? La situación actual en la Iglesia no es producida por el sacerdocio o por sus votos, nosotros tenemos mucho que ver en lo que está sucediendo.

Necesitamos sacerdotes santos, sí, pero para ello necesitamos familias santas, donde reine la unión, donde reine el Amor de Dios o sea los miembros de esa familia deben estar invadidos de Dios. 

Conchita, en sus últimos años (1935) escribió que Jesús le pidió un Cadena de almas víctimas a favor de la gloria del Padre, siguiendo el espíritu de la Cruz, sin salir de él.

“Es una unión de almas puras, sin interés ninguno personal, víctimas en medio del mundo, cumpliendo sus deberes, que con un amor de celo y con una vida sacrificada, me den gloria.”

Le pide que las almas que formen parte de una Cruzada por la Santificación de los Hogares, que hagan muchos actos de expiación por los divorcios, que violando sus leyes tanto daño hacen a los hogares, y no tan sólo a quienes los ejecutan, sino a muchas almas, esposos, hijos, sociedad, etc. Le dice que esto trae pecados de muchas clases, y que nadie se ocupa por expiarlos. Que estos pecados necesitan reparación, y gracias muy especiales para los culpables.

Le dice de los pecados de adulterio, de madres criminales, de madres frías, descuidadas de sus deberes para con sus hijos, de los malos ejemplos, etc. Creo que tenemos una idea muy clara con lo que vemos a diario en las noticias y a nuestro derredor.

Les pido a todos que unidos en un mismo corazón, como reflejo de la Trinidad nos ofrezcamos como víctimas en unión con Jesús por la santificación de las familias por lo tanto por la santificación de los sacerdotes.

Ana M. Quirós
Apostolado de la Cruz
Houston,TX
Julio 2002

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